¿TIENE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR UN PATRÓN ESPACIAL? ANÁLISIS PARA EL ÁREA URBANA DE BOGOTÁ 2018

Por: Laura Daniela Lozano Rodríguez. Estudiante de Economía con énfasis en Economía Regional 

La familia es la agrupación social más importante, se construye a partir de un proceso que crea vínculos de consanguinidad entre sus miembros; pero lo que realmente genera cohesión son las manifestaciones de solidaridad, fraternidad apoyo, cariño y amor que se dan en el núcleo de esta institución. No obstante, no siempre los vínculos afectivos son el eje dentro de las familias, por el contrario, el ambiente familiar puede tornarse en un espacio propicio para la violencia y el riesgo permanente de sus integrantes, tanto física como psicológicamente. Todas las formas de abuso de poder que se desarrollan en el contexto de las relaciones familiares y que ocasionan diversas clases de daño a las víctimas, son denominadas violencia intrafamiliar  (Policía Nacional Dirección de Investigación Criminal e Interpol, 2015).

Factores como la pobreza, la desigualdad y la inestabilidad familiar, debilitan la habilidad para regular a los miembros de una comunidad, generando efectos que varían en magnitud sobre la criminalidad. La mayoría de los crímenes son cometidos por los miembros con menos ventajas de la sociedad, que se enfrentan a grandes presiones e incentivos para delinquir en áreas de alta inequidad (Kelly, 2000). En cuanto al componente espacial, el estudio criminológico es abundante, debido a que el fenómeno de la violencia en general, tiende a estar influenciado por lo que ocurren en unidades geográficas vecinas (Gasca & Flores, 2017).

El análisis de la violencia en términos económicos surge desde lo planteado por Becker (1968), quien plateo un modelo para medir la perdida social causada por el crimen, junto con el gasto y castigo que minimiza dicha perdida. El modelo de Becker evidencio que los actos criminales, son resultado de decisiones racionales basadas en un análisis costo beneficio y los criminales responder a los incentivos económicos en el mismo modo que cualquier agente que participa en el mercado; determinando que los delincuentes responden a incentivos e incrementaran sus acciones si los castigos o su magnitud disminuyen.

Durkeim (1982), menciona que la tasa de crimen está relacionada con la etapa de desarrollo en la que se encuentra la sociedad, recalcando además que el crimen y la violencia ocurren cuando los mecanismos de control social son débiles. Es posible evidenciar, que el proceso de urbanización e industrialización está relacionado con el crimen y la violencia. Con una mayor población, una mayor densidad poblacional, las ciudades se convierten en un espacio propicio para el crimen y la violencia, potenciado además por la dificultad de regular el comportamiento de los ciudadanos.

Los hechos de violencia familiar dependen en gran medida del entorno más cercano, por lo que es importante analizar el fenómeno en un contexto de ciudad. Para Bogotá, la mayoría de los estudios sobre violencia intrafamiliar se concentran en el sector de la salud. Lemaitre, García y Ramírez (2014) hacen un análisis sobre el impacto de la propiedad de la violencia sobre la violencia contra las mujeres en la localidad de Ciudad Bolívar, encontrando que la propiedad disminuye el estrés económico y facilita la solución del conflicto.

Según el Observatorio de Salud de Bogotá, la tasa de violencia intrafamiliar en la capital presenta una clara tendencia al incremento. Entre los años 2011 y 2015 se presentó un ascenso sostenido en dicha tasa, y a pesar de leves disminuciones entre el 2016 y el 2017, en el 2018 la cifra volvió a incrementarse. Para ese año, se presentaron 30.665 casos en el distrito reflejando un incremento de 5%  en la tasa respecto al 2017.

A nivel local y nacional, entidades como la Secretaria Distrital de la Mujer, la Secretaria de Integración Social, el Ministerio de Salud y Protección Social, las comisarías de familia y la Red Nacional de Mujeres han promovido el apoyo y fortalecimiento de las familias, junto con la difusión de información y recursos que fomenten el conocimiento del fenómeno de violencia doméstica. Sin embargo, a pesar de las constantes acciones, del gobierno y de la sociedad civil, las cifras de violencia van en aumento. Santander Abril, González Peña y Rojas (2020) evidencian que la intervención en los puntos críticos del problema en cuestión se ve mermada, debido a una política pública que se centra más en la atención que en la prevención.

La violencia intrafamiliar, VI de aquí en adelante, es un problema de salud pública y una violación de los derechos humanos; además, es un fenómeno social complejo, en el que pueden influir aspectos tan diversos como el nivel educativo, las características biológicas de los integrantes del núcleo familiar, la situación económica del hogar e incluso el entorno de la vivienda. Lo anterior lleva a preguntarse ¿tiene la violencia intrafamiliar (VI), en el área urbana de Bogotá, un patrón espacial? ¿son las condiciones demográficas y socioeconómicas un factor determínate en la generación del delito?

Mapa 1. Densidad de Kernel Violencia Intrafamiliar. Fuente: Elaboración propia con datos del SIEDCO.
Mapa 1. Densidad de Kernel Violencia Intrafamiliar. Fuente: Elaboración propia con datos del SIEDCO.

Al ver la localización de las denuncias de VI en Bogotá en el 2018, la Densidad de Kernel se convierte en una herramienta útil, para realizar un análisis preliminar del fenómeno en la capital. Esta metodología calcula la densidad de las entidades de punto alrededor de cada celda ráster de salida, es decir la cantidad de puntos por área. El Mapa 1, a primera vista, evidencia la concentración de la violencia en el sur de la ciudad, con mayor densidad en el sur-occidente, en las localidades de Bosa, Kennedy y Ciudad Bolívar y un  punto adicional de calor  en la localidad de Suba, puntualmente en las UPZs Suba, El Rincón y Tibabuyes, al nor-occidente del perímetro urbano. Es posible suponer que las UPZs en las que hay concentración de la violencia, presentan características demográficas y económicas similares.

Sin embargo, para validar la existencia o no de un patrón espacial, es necesario analizar más a fondo la información. Usando la Función K de Ripley (Grafica 1) es posible concluir que existe un patrón de densidad espacial a la distancia d1, siendo este punto en el que la función estimada u observada se encuentra por encima de los intervalos de confianza, lo que indica la existencia de clustering espacial significativo desde el punto de vista estadístico.

Gráfica 1. Función K de Ripley para datos de VI en Bogotá, 2018. Fuente: Construcción propia.
Gráfica 1. Función K de Ripley para datos de VI en Bogotá, 2018. Fuente: Construcción propia.

El Índice de Moran, es otra herramienta de estadística espacia que nos brinda una conclusión acorde a la intuición. Este índice mide la autocorrelación espacial de las entidades, permitiendo conocer la distribución de nuestra variable de interés, sea esta aleatoria, concentrada o dispersa. Pariendo de la suposición de que los hechos ocurren de manera aleatoria, la herramienta I de Moran calcula, además, una puntuación z, es decir una desviación estándar y un valor de probabilidad (p), que brindan la significancia del índice. La I de Moran, es la relación entre la covarianza pondera y la varianza de los valores, comparando los valores de cada unidad de análisis con la media global del fenómeno ( ), de la siguiente forma:

fórmula 1

Donde N es el número de unidades de análisis y

Fórmula 2

corresponde al número total de vecindades y por ende el peso a determinada distancia (Siabato & Guzmán-Manrique, 2019). En este caso las unidades de análisis son la UPZs de Bogotá.

El resultado presentado en la Grafica 2 muestra que el comportamiento de la VI presenta un patrón de distribución agrupado con un índice de moran de 0.23, con valores absolutos de z muy altos y valores de p muy pequeños, rechazando la hipótesis nula de aleatoriedad, con una confianza del 99%. Lo anterior, nos permite dar respuesta al primer interrogante planteado, concluyendo que existe un patrón de concentración en los hechos de violencia intrafamiliar en Bogotá.

Gráfica 2. Índice de Moran. Fuente: Elaboración propia con datos del SIEDCO.
Gráfica 2. Índice de Moran. Fuente: Elaboración propia con datos del SIEDCO.

Agrupando el número de denuncias por UPZ, además de corroborar la densidad de VI en sectores determinados de la ciudad, se observar que la UPZ Bosa central es la que mayor número de denuncias de presenta, y un grupo adicional de cinco (5) UPZs con entre 970 y 1292 denuncias de VI (Mapa 2). Es interesante además denotar que las UPZs con mayor número de denuncias de VI, también se encuentran entre las zonas más densamente pobladas de la ciudad, es decir las localidades de Bosa, Kennedy, Ciudad Bolívar y Suba (Mapa 3).

Mapa 2. Polígonos de Violencia intrafamiliar en cada UPZ. Fuente: Elaboración propia con datos del SIEDCO
Mapa 2. Polígonos de Violencia intrafamiliar en cada UPZ. Fuente: Elaboración propia con datos del SIEDCO
Mapa 3. Densidad poblacional Bogotá. Fuente: Elaboración propia con datos de EM2017
Mapa 3. Densidad poblacional Bogotá. Fuente: Elaboración propia con datos de EM2017

 

Siguiendo con el análisis espacial de algunas variables demográficas y económicas que pueden influir en la ocurrencia del fenómeno, se evidencia que son las áreas con mayor cantidad de hogares pobres, las que presentan el mayor número de casos de VI. Lo anterior debido a que los polígonos del mapa 4 muestran el número de hogares en los que los ingresos no cubren las necesidades básicas, lo que se aproximaría a un indicador de pobreza. De manera similar, se observa que las zonas de la ciudad que tiene el menor promedio de ingresos por hogar también contienen a las UPZs con altos casos de denuncias de violencia intrafamiliar (Mapa 5) evidenciando que el estrés económico es un detonante de la violencia en el hogar.

Ahora bien, en cuanto a la composición demográfica de los hogares, se considera importante resaltar que aquellas UPZs con mayor proporción de menores de edad, son las que más denuncias del delito en cuestión presentan (Mapa 6). Sin embargo, tal como lo muestra el Mapa 7 la proporción de mujeres cabeza de hogar, parece no tener relación con la generación de denuncia de VI, puesto que, en algunas zonas con mayor proporción, hay menor número de denuncias y viceversa.

Mapa 4. Cobertura de ingresos. Fuente: elaboración propia con datos de EM2017
Mapa 4. Cobertura de ingresos. Fuente: elaboración propia con datos de EM2017
Mapa 5. Promedio de ingresos por hogar por UPZ. Fuente: Elaboración propia con datos de la EM2017.
Mapa 5. Promedio de ingresos por hogar por UPZ. Fuente: Elaboración propia con datos de la EM2017.
Mapa 6. Proporción de menores de 18 años por UPZ. Fuente: Elaboración propia con datos de la EM2017
Mapa 6. Proporción de menores de 18 años por UPZ. Fuente: Elaboración propia con datos de la EM2017
Mapa 7. Proporción de mujeres jefe de hogar por UPZ. Fuente: Elaboración propia con datos de la EM2017.
Mapa 7. Proporción de mujeres jefe de hogar por UPZ. Fuente: Elaboración propia con datos de la EM2017.

Posterior a la identificación del patrón de VI y al análisis espacial de las variables de interés, es prudente cuestionarse sobre los determinantes de la ocurrencia del mencionado delito, por tal motivo se plantea el modelo de regresión. Por tratarse de una variable dependiente de conteo que no toma valores negativos, como lo es el número de casos denunciados de Violencia Intrafamiliar por cada UPZ, se plantea el siguiente modelo tipo Poisson:

Fórmula 3

Donde:

  • Nhechos: Es el número de denuncias de violencia intrafamiliar en cada UPZ.
  • Den: Representa la densidad de población por UPZ.
  • Pingh: Indica el promedio de ingresos por hogar en cada UPZ
  • Cingh: Es la sumatoria de hogares en los que el ingreso no cubre las necesidades básicas por UPZ
  • Prmen: Representa la proporción de menores de 18 años en cada UPZ
  • Prsex: muestra la proporción de mujeres jefe de hogar por UPZ
  • Prper: Es la proporción de hogares que perciben tienen malas o muy malas condiciones de vida en cada UPZ.

Los resultados del modelo son los esperados, en  primer lugar la densidad de población, tiene una relación positiva con el conteo de hechos de VI, pero como se puede evidenciar en el signo del coeficiente que acompaña su transformación cuadrática, el conteo de hechos según la densidad tendría un máximo.

Por otro lado, el promedio de ingresos por hogar en cada UPZ presenta una relación negativa con la variable dependiente, lo que sigue la intuición inicialmente planteada, debido a que un promedio mayor de ingresos por hogar disminuye los casos de VI. Lo que indicaría que efectivamente las condiciones económicas del hogar influyen en la realización o no del delito. Otra variable que nos guía por esta línea es la cobertura del ingreso en el hogar, pues con un mayor número de hogares en los que el ingreso no alcanza a cubrir las necesidades básicas, aumentaran los casos de violencia.

De manera similar, en cuanto a proporciones de cada UPZ, se llega a dos cuestiones interesantes; en primer lugar, cuanto mayor sea el porcentaje de menores de 18 años en una UPZ, mayor será la cantidad de hechos de violencia intrafamiliar; en segundo lugar cuando exista una proporción mayor de mujeres cabeza de hogar, se incrementaras los casos de VI.

Finalmente, el modelo indica, que cuando se tiene una mayor proporción de hogares que perciben que sus condiciones de vida son malas o muy malas, mayor será el número de delitos de violencia intrafamiliar registrados.

Tabla 1. Estimación de Poisson. Fuente: Construcción propia.
Tabla 1. Estimación de Poisson. Fuente: Construcción propia.

 

La violencia en general es una problemática latente en la actualidad, que atenta contra los derechos humanos y que afecta aún más a ciudades densamente pobladas como Bogotá. Al hablar de violencia intrafamiliar, la cuestión se vuelve más preocupante, por el simple hecho de que la familia debe ser el principal refugio para cualquiera de sus miembros y que asimismo es la primera institución que forma a los miembros de una comunidad.

Que la violencia surja en el núcleo de la sociedad, la familia, no solo afecta a los directos implicados, pues esta problemática, puede desembocar en muchas otras: consumo de alcohol, de sustancias psicoactivas, generación de comportamientos agresivos e incluso llegar a desvirtuar la autoridad. Sin mencionar, el incremento en el gasto publico debido a la necesidad de atención médica, psicológica y jurídica.

De manera similar, al denotar que la pobreza es una causa directamente relacionada con la generación de violencia intrafamiliar, surge la necesidad de replantearse las medidas que se han tomado para contrarrestar este fenómeno. Para nadie es un secreto que el estrés que produce el no tener independencia financiera, el no suplir las necesidades de supervivencia básica y el vivir en un contexto de violencia, es determinante para la ocurrencia de violencia en el hogar, ya sea física o psicológica, por lo que atacar esta problemática debe ser un proceso que comprenda no solo la atención a las víctimas, sino también el mitigar los detonantes iniciales, los ingresos, el contexto y la educación

Esta breve investigación, identificó la concentración de hechos de violencia intrafamiliar en zonas que comparten características de pobreza y densidad poblacional, por lo que en un comienzo, las recomendaciones en términos de política pública, giran en torno a estos elementos. El asegurar la satisfacción de las necesidades básicas de los hogares menos favorecidos, debe ser uno de los primeros factores a considerar para mitigar la violencia intrafamiliar. Lo anterior, sería posible a través de mecanismos de subsidios condicionado ya sean monetarios o en especie y no permanentes, que contribuyan al bienestar familiar, sin llegar convertirse en una medida asistencialista que frene la motivación para la generación de ingresos.

Otra media que los gobiernos locales pueden tomar para contrarrestar la violencia es la creación de espacios y dotaciones públicas que permitan la integración y educación de las familias, como lo son parques, instituciones educativas, talleres y actividades de recreación, entre otras, así como la difusión de herramientas de protección que no solo atiendan a las víctimas, sino que prevengas la ocurrencia del fenómeno.

Finalmente, la política pública alrededor de la violencia doméstica bebe contemplar la prevención, identificación, atención y seguimiento de la problemática, caracterizando además los distintos nichos de la población que pueden ser o son víctimas del delito, entendiendo que este se puede dar hacia cualquier miembro del hogar, ya sean niños, adultos o ancianos. En cuanto a la atención y seguimiento, el acceso a servicios oportunos y de calidad en comisarías de familia, casas de la mujer y distintas instituciones que protejan a la familia es fundamental.

Las problemáticas sociales son altamente complejas, no existe una receta perfecta que funcione en cualquier circunstancia, por lo que el conocimiento de la comunidad a intervenir es indispensable para el éxito de las medidas que se tomen. No obstante, dicha complejidad no debe perturbar la puesta en marcha de acciones en pro de la reducción de la violencia en el hogar, sino al contrario, motivar la generación de investigaciones que contribuyan a la identificación del fenómeno para generar planes, programas, proyectos y políticas que beneficien en mayor medida a la población.

 

Referencias

Becker, G. S. (1968). Crime and Punishment: An Economic Approach. Journal of Political Economy, 76(2), 169-217.

DANE – Dirección de Metodología y Producción Estadística. (2018, Julio). Encuesta Multipropósito.

Durkheim, E. (1982). The Rules of Sociological Method. New York: The Free Press.

Gasca, F., & Flores, M. (2017). Patrones de distribución espaciotemporal de los homicidios de mujeres en México en 1990, 2000 y 2010. Sociedad y economía, 15-40.

Kelly, M. (2000). Inequality and Crime. The Review of Economics and Statistics, 530-539.

Lemaitre Ripoll, J., García Jaramillo, S., & Ramírez Rodríguez, H. (2014). Vivienda/violencia: intersecciones de la vivienda y la violencia intrafamiliar en Ciudad Bolívar, Bogotá. Revista de Estudios Sociales, 71-86. doi: http://dx.doi.org/10.7440/res50.2014.09

Policía Nacional Dirección de Investigación Criminal e Interpol. (Agosto de 2015). Violencia intrafamiliar.

SaluData – Observatorio de Salud de Bogotá. (2019). Tasa de violencia intrafamiliar en Bogotá D.C.

Santander Abril, J., González Peña, A. d., & Rojas Barrero, S. (2020). Análisis de las Respuestas del Estado Colombiano Ante el Problema de Violencia Intrafamiliar en Colombia. Documento de Política (11).

Siabato, W., & Guzmán-Manrique, J. (2019). La autocorrelación espacial y el desarrollo de la geografia cuantitativa. Cuadernos de Geografía: Revista Colombiana de Geografía (28), 1-22. doi: 10.15446/rcdg.v28n1.76919

 

 

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